Entre máscaras y pieles *


Reenvíos: postales desmaterializadas contra objetos de la memoria                    /                    Procesos de visibilidad




“En una pequeña trastienda sin ventanas abrió una caja de cartón y sacó doce
álbumes de fotos negros e idénticos. Dijo que aquélla era la obra de su vida, y
no tardaba más de cinco minutos al día en hacerla. Todas las mañanas durante
los últimos doce años se había detenido en la esquina de la Avenida Atlantic y

la calle Clinton exactamente a las siete y había hecho una sola fotografía en
color de exactamente la misma vista. El proyecto ascendía ya a más de cuatro
mil fotografías.”

El cuento de navidad de Auggie Wren. Paul Auster


Con este cuento de Paul Auster, sobre aquel individuo que reiteradamente fotografiaba un escenario de Brooklyn desde el mismo ángulo y a la misma hora de todos los días de los últimos doce años, se podría ver el esfuerzo desarrollado para hacer visible lo que por común y cotidiano se nos escapa de la existencia en la ciudad. Un ensayo de visibilidad que se inicia con el ánimo y la voluntad de apartarse de la convención del recuerdo y que se establece por la acumulación reiterada e indiscriminada de una misma imagen apenas modificada en su seriación que, a la postre, se formula como secuencia de fotogramas de una película vital. Sólo la posterior visión del conjunto o el contraste entre algunas de las situaciones presentes en el álbum, permitirán rescatar de manera azarosa -por contingente e innecesaria- las que se establecen como episodios singularizados de una vida relacionada con quien las observa.

De igual modo, en la acción puesta en marcha por GC —tan narrativa como la de Auster— se evidencia una intención que originada en el mismo proceso creativo, y sin plantear un resultado previsible de antemano, se convierte en una vía de desvelamiento para nuestros escenarios más cotidianos. Una construcción que se produce por una intencionada acumulación de datos de diversa naturaleza y alcance —desde lugares y arquitecturas a pieles y texturas, apenas distinguibles unas de otras— donde se manifiestan los desajustes y desacoplamientos de una realidad que difícilmente puede ser reconducida a un estado original.

La diferenciación que marcamos entre estos dos relatos aquí reunidos estriba en la distinta valoración que en ellos se realiza de los escenarios y los agentes que conducen a su plasmación. En la primera historia la vida cotidiana tenía su reflejo en cuantos personajes acompañaban la escena fija en cada momento, dibujando una directa relación entre ambiente e individuos, hasta constituirse estos en la referencia donde señalar la singularidad de la imagen; por el contrario, en el relato de GC será la apariencia del soporte —que le otorga su propia constitución material— quien actúe como dispositivo para manifestar la diferencia y dar cabida a unos personajes que casualmente han desaparecido o de los que intencionadamente se ha prescindido, dejando para cada individuo, en su potencial incorporación a este mundo, la interpretación como resultado para llegar a una nueva ambientación atmosférica de los lugares.

Así, en un proceso deconstructivo que desagrega la imagen capturada en mil estratos, exfoliándola hasta dejar de ser consistente por ella misma como objeto, se ensaya una vía de significación para la fotografía de nuestras ciudades y entornos donde ésta muda su condición finalista para pasar a ser un elemento más de un soporte renovado. Una forma de narración de los escenarios urbanos donde soporte y significación se traban en una misma intención, enunciando entre las palabras y voces —como algo constitutivo de esta experiencia— los espacios en blanco y silencios disponibles para el sujeto o la comunidad que venga a habitarlos.

Aquí, cada imagen propuesta, cada construcción, se convierte en un medio de transporte para llevarnos a la percepción de algo mayor que las supera como singularidades. Son demora y tránsito hacia una figuración de lo que en su conjunto interesa: la percepción de una ciudad propia que se nos ofrece como sugestión para alcanzar la nuestra, como posibilidad de recuperar un tiempo y un espacio de habitabilidad para nuestros días fundado en lo más cercano y singular, pero llevado a su más absoluta contemporaneidad y extensión. La tradición y la memoria se funden y desvanecen en este proceso para, a lo más, aludirlas y dar paso a una geografía siempre cambiante y actualizable en una serie de imágenes relacionadas bajo el nombre de ALCACOGRAHUJASE, o el de la ciudad que cada quien venga a imaginar.

José Ramón Moreno Pérez

Félix de la Iglesia Salgado

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* Fragmento del texto publicado en el libro Ciudad Imaginario (Cajasol. Sevilla 2008)